En un mundo que muchas veces premia la rapidez, la productividad y la resistencia emocional, las Personas Altamente Sensibles (PAS) suelen sentirse fuera de lugar. Sin embargo, esta alta sensibilidad no es una debilidad, sino una forma distinta —y profunda— de percibir la realidad.
El término fue acuñado por la psicóloga estadounidense Elaine N. Aron, quien en los años 90 investigó esta característica temperamental que afecta aproximadamente al 15-20% de la población. Las PAS poseen un sistema neurosensorial más receptivo que la media, lo que implica una mayor capacidad para captar sutilezas en el entorno y una respuesta más intensa a los estímulos.
Estas personas procesan la información de manera más profunda, lo que puede llevar a una mayor creatividad, empatía y reflexión. Sin embargo, también pueden sentirse sobrepasadas en ambientes ruidosos, bajo presión o ante el sufrimiento ajeno.
No se trata de personas “frágiles” ni necesariamente introvertidas (aunque muchas lo son), sino de personas con un procesamiento sensorial más elaborado y una rica vida interna.
Como PAS viví mi infancia pensando que mi sensibilidad era un auténtico defecto de fábrica. No era capaz de mantener una discusión sin llorar y empatizaba en exceso hasta el punto de poner los sentimientos y emociones de los demás por delante de los míos. Disfrutaba de la naturaleza, el arte o la música, pero no sabía relacionarme socialmente en entornos donde me abrumaba la multitud. Reconocer estos rasgos en mí, me ayudó a entenderme mejor, y al conocer que mis estados emocionales estaban relacionados directamente con mi forma de como percibía mi entorno mi sistema nervioso. La regulación es esencial para nosotros pero debemos saber como alcanzarla y retirarnos a tiempo de los escenarios que nos alteran.
Una persona altamente sensible puede experimentar tanto un profundo bienestar en entornos armoniosos como un gran malestar en contextos caóticos o agresivos. La clave no está en “cambiar” su naturaleza, sino en aprender a conocerse, aceptarse y protegerse emocionalmente.
El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung ya intuyó esta profundidad emocional cuando escribió:
“La sensibilidad no es debilidad; es la fuente del alma.”
— Carl G. Jung
A través de la autoaceptación, límites claros y hábitos que fomenten el autocuidado, l@s PAS pueden no solo protegerse del agotamiento emocional, sino también poner su sensibilidad al servicio de los demás, desarrollando vínculos humanos genuinos y aportando una mirada compasiva al mundo.
Reconocer la alta sensibilidad es un paso esencial para transformar lo que en un principio puede vivirse como una carga, en un don valioso para la vida personal y social. Vivimos en una sociedad que necesita cada vez más miradas sensibles, que escuchen más allá de las palabras, que sientan más allá de lo evidente. No son personas débiles son personas con otra forma de percibir la realidad, y en ella conforman construcciones de nuevas realidades.
Con todo mi amor. Isabel.
